El amigo musulmán

Una sombra se manifestó y caminó por la vereda con paso sencillo y franco. La luz de un farol se cruzó en su trayecto y reveló una nariz de prominentes y ganchudas proporciones. Llegó y se detuvo frente a otros personajes.
-Eh, amigo, una moneda -dijo en un proto-español improvisado.

Uno del grupo observó con prejuicio las andrajosas y gitanescas vestiduras del amigo narizón.

-Amigo, soy de Irak -insistió con simpleza.

El prejuicio fue ignorado y reemplazado por conceptos de Yihad, Holocausto, Saladino y Ala; se convirtió en projuicio.

-Mira, tengo mil pesos para ti si accedes a hablar de tu cultura e intercambiar ideas -Dijo.

-Ya -respondió el ca’eza ‘e garfio con entusiasmo.

-Ya, ¿cómo se dice en tu idioma “chupa el pico”?

-استيعاب جوهر علاء -respondió con solemnidad.

-Bien buen hombre, sigue tu camino -dijo el otro mientras entregaba la luca al Cayuya con yapa.

Anuncios

Purga oscura

Parecía que iba a llover. Bajo el cielo gris había frescura y una brisa tibia que recorría un valle aciago. En un claro de árboles muertos, una pequeña fuente encontraba refugio bajo las enormes raíces de un árbol carbonizado. Frente a él una estructura de rocas afiladas formaba una especie de altar.
Una voz humilde y solemne se escuchó acercándose al claro.
-Aquí es, Ilustre. -Dijo un hombre alto envuelto en una vieja armadura.
-Bien, bien -contestó un anciano vestido de blanco.
El anciano caminó hacia la estructura de piedras apoyándose en su bastón y de entre sus mangas regó la estructura con flores y polvos de extraños colores.
-Un triste lugar para purgar una mancha a través del sacrificio -comentó el anciano mientras desenfundaba una daga desde el interior de su túnica.
-La expiación del pecado mayor solo guarda la promesa de una fugaz y trágica esperanza -respondió el hombre alto extrayendo algo desde su alforja.
El anciano miró al hombre a los ojos, el hombre entregó una paloma blanca al anciano, este inhalo profundo, apagó la vista y comenzó a recitar. El hombre intentó descifrar la lengua, de sedosos y envolventes versos; no pudo. Intentó ver al hombre de blanco en posición erguida y manos arrugadas empuñando un arma de inconmensurable poder; no pudo. Intentó ver el fulgor eterno del aura que transmitía el ritual; no pudo. Intentó sentir la fuerza del resplandor, ser el resplandor, formar parte de ello; no pudo. Intentó todo el hombre, para intentar conectarse; no pudo. Hasta que intentó el vacío. El hombre sintió su alma, sintió físicamente la energía que consistía su esencia misma. Se quedó en ese estado, pero sintiendo el pecado, sintiendo lo que debía purgar, aislándolo para poder ser extraído.
El anciano tomó el ave y la decapitó de un rápido pero elegante movimiento. El hombre sintió el acto de la liberación, sintió el verbo, la purificación del alma, la separación de todo lo irrelevante y emuló la acción con todo su ser, concentrándola en la mancha. Se iba, como humo, pero no era más que una gota en el océano de la existencia…
…Necesitaba más, mucho más. Y lo quería ahora.

Esencia de Corazón (Kokoró)

Extraer los interiores de un cordero sacrificado el día anterior, ponerlos en un caldero con vinum y hervir, incorporar salteado de herbáceos del bosque, añadir adobo secreto, mantener a flama baja, purificar y extraer la Esencia del Corazón durante dos veces diez horas, integrando agua en forma de cerveza, vino.
Emplatar en un plato hondo de greda, con un toque verde sobre el corazón.
Digerír esa vida.

Marcha en Villa Alemana

En los minutos finales, previos a partir aparece un extraño y amigable señor con su hija a conversar con el grupo.
-Hermanos ¿y? ¿sacamos a Sabat a patadas? JA! -sonrió cordial y comunístamente, mientras tomaba un vaso de agua.
-No, Sabat se queda.-Respondió el otro, tranquilo y mordaz.
-JA! ¿Y a qué vinimos a la marcha? -sonrió otra vez, ingenuo.
-Bueno, yo vengo por lo de las termoeléctricas.
-kksjadfksdajkfasdkg sfjkasdfk anda a laar.-dijo mientras tomaba la mano de su hija y se adentraba en la multitud que se iba.
El otro tomó su cartel antisionista y se fué.

La caza de U’oko

El orgulloso grupo avanzaba a paso lento por una planicie seca y desolada. Tierras resquebrajadas cubrían todo a la vista, las innumerables y pequeñas grietas evidenciaban la presencia de agua en otros tiempos. En el cielo los brillantes Ancestros los miraban, aquellos alguna vez Buscadores que habían comido el fruto sagrado y ahora los guiaban desde lo alto junto a los Tres Cazadores. Uno de los Cazadores iluminaba con fuerza, más que la de cualquier Ancestro. Tenía forma ovalada que terminaba en punta por uno de sus lados.
Blend avanzaba de los primeros. Toda su vida había soñado con ser un Buscador, ser de aquellos que presenciaban la Caza de la Gran Bestia Amarilla, sin embargo ahora después de seis años viajando, esa idea no le parecía tan atractiva. La visión de Los Cazadores por las noches era lo único que mantenía su voluntad en pie.
Se detuvo y observó el cielo.
―Ese es Ka’Ele ―dijo Naelu a su lado―, ¿no? ―Agregó depositando el fardo que cargaba en la tierra.
―Sí, los otros dos Grandes Cazadores no están… ―Respondió Blend imitando a su amigo.
Apuntó con el índice a uno de los Ancestros que se encontraba exactamente sobre ellos.
―El cuarto la Tribu del Oso ―observó Naelu―, sí, este debería ser el lugar.
―Los Cazadores quieran que el Vidente no se haya equivocado de nuevo.
Los ancestros de la Tribu del Oso eran siete, habían fallado con tres y quedaban cinco, Blend y los demás estaban cansados, esperar dos años más bajo otro Ancestro definitivamente terminaría por destruir la determinación de todos.
―Las famosas Tierras Quebradas ―dijo Naelu mientras se masajeaba el hombro―, lo último conocido hacia el sur ¿habrá algo más allá? ―agregó quitándose el sudor de la frente con la mano.
―No sé y no quiero saberlo, solo quiero ver la Caza para que todo esto termine―respondió Blend con tono irritado.
El Vidente había profetizado que la siguiente caza sería bajo los Ancestros de la Tribu del Oso, los tres primeros los habían llevado a un lugar de escasa vegetación, pero el cuarto había terminado por guiarlos de lleno al interior de las Tierras Quebradas. Nadie sabía con certeza qué había al sur de las Tierras Quebradas: Algunos pensaban que el mundo terminaba con un gigantesco acantilado, mientras que otros aseguraban que existía un mundo de tinieblas de donde provenían los Sinalma y Los espectros.
Blend se sentó sobre el bulto a sus pies y se limpió el sudor del rostro con un trozo de tela que guardaba en el morral. Se soltó la capa para tomar aire fresco, solo podían utilizar la capa de noche, durante el día debían andar con el torso desnudo; debían mostrar sus Marcas ancestrales a la Gran Bestia. Las Marcas nacían con un espiral dibujado en los omóplatos, en los bordes se distorsionaban y dividían en líneas afiladas que se deslizaban a través de los brazos, todo en un diseño simétrico y ordenado que le daba equilibrio a sus cuerpos. Las Marcas simbolizaban el estatus de Buscador, cada cinco años un Vidente se encargaba de escoger y Marcar a jóvenes ansiosos y dispuestos, desde luego la selección era difícil, el Vidente realizaba varias pruebas físicas y mentales; solo los más capacitados eran elegidos.
Lentamente el resto del grupo llegó al lugar y descansó junto a Blend y Naelu. Olmu, el Vidente, se acercó con paso solemne, no llevaba carga ni capa, estaba vestido con pieles de diferentes colores, que lo identificaba como representante de Los Tres Cazadores y le permitía ocultarse de U’oko, la Gran Bestia Amarilla.
―Hermanos, sé que están cansados ―habló Olmu con tono firme―, pero no deben preocuparse, hemos llegado a tiempo, mañana presenciaremos la caza de U’Oko y ustedes comerán el fruto sagrado de su carne, las visiones me lo han confirmado.
Los rostros cansados del grupo recobraron algo de firmeza y miraron a lo alto.
―Solo Ka’Ele acompaña a los ancestros esta noche, lo que significa que sus hermanos Ka’Ue y Ka’Aku están de caza.
Se escucharon murmullos de emoción entre el grupo; Ka’Ue o Ka’Aku, uno de ellos mañana cazaría a U’Oko.
―Ka’Aku, Trampa celestial, aquellos que compartan el banquete con él serán convertidos en Ancestros y guiarán a las tribus en el futuro ―recitó Mae, una Buscadora del grupo.
―Ka’Ue, Arco certero, aquellos que compartan el banquete con él serán convertidos en Exploradores Ancestrales ―recitó Iwue, otro de los Buscadores.
Blend estaba ansioso, deseaba compartir el banquete con Ka’Ue, ese era su mayor anhelo. A veces durante las noches veía a los Exploradores Ancestrales en el cielo, veloces, recorriendo el cielo y desapareciendo en un destello.
Los Buscadores armaron sus tiendas y establecieron los turnos de guardia. Los Sinalma eran más comunes cerca de las Tierras Quebradas que en otros lugares. Blend había visto algunos dirigiéndose desde el norte hacía el sur, no mostraban tener intención de pelear, sin un Espectro que los comandara parecían inofensivos, sin embargo era mejor no confiarse.
Mae comenzó la primera guardia, los demás se dirigieron a sus tiendas. Blend encontró el sueño de inmediato; el viaje había sido cansador.
―Blend, tu turno ―llamó Naelu.
―Sí, sí, ya voy ―respondió Blend reprimiendo un bostezo.
Naelu entró a su tienda y Blend comenzó a caminar alrededor del campamento, era la última guardia, su favorita.
La noche estaba tibia y los ancestros brillaban con fuerza, Ka’Ele continuaba su recorrido por los cielos.
Blend recordó el día en que fue Marcado como Buscador, el dolor de la daga ritual del Vidente era difícil de olvidar, sin embargo el hecho de que eso le permitiría viajar por el mundo buscando presenciar una Caza y después compartir el banquete con uno de los Cazadores era todo lo que alguien de la tribu podía soñar. Mañana sería ese día, el gran día donde Blend y los demás Buscadores dejarían este mundo y se convertirían en algo mayor.
Los destellos de U’Oko comenzaron a emerger en el horizonte, tapando la visión de sus ancestros. Tomó el Cuerno del Buscador y anunció la aparición de la Gran Bestia Amarilla desde el norte. Sus amigos salieron de las tiendas e iniciaron la rutina diaria: asearse y desayunar. En un día normal habrían desarmado el campamento después de comer, sin embargo este sería el último día de los Buscadores en el plano físico; el viaje había acabado.
Olmu el Vidente reunió a los Buscadores en el centro del campamento.
―Hermanos, hoy es el día ―dijo con tono solemne―. Espero verlos en el otro mundo cuando mi labor como Vidente termine.
Cada una de las tribus tenia al menos tres Videntes. Uno se quedaba preparando las expediciones mientras los otros dirigían a los grupos hacia los lugares de la Caza. Después que los Buscadores ascendieran al otro plano, Olmu volvería a la tribu con la noticia y tomaría otro grupo, así hasta el día en que los Tres Cazadores decidieran recibirlo en el plano ancestral.
Había expectación en el campamento: Naelu miraba hacia el cielo constantemente, Iwue se hacía sonar los huesos de las manos con nerviosismo y los demás miraban con expectación al Vidente cada cierto tiempo.
―En cualquier momento veremos a Ka’Aku o Ka’Ue atravesar a U’Oko. ―Dijo Olmu intentando calmar a los Buscadores.
―¡Ahí! ―exclamo Mae.
Blend miró hacia U’Oko, los ojos le dolían con la luz pero no quería perder ningún detalle. Una pequeña sombra comenzó a sofocar el fulgor de la Gran Bestia en uno de sus lados. La excitación y los murmullos aumentaron. Era Ka’Ue: su silueta era la más pequeña, se decía que era como un blanco para sus flechas.
―¡Ka’Ue! ―gritó Olmu― ¡Que sus flechas sean certeras!
El pequeño punto negro se desplazó hacia el centro de U’Oko, y la luz del día tomó un tono anaranjado.
Blend observó el paisaje que se creaba a su alrededor maravillado: Desde aquel suelo seco y quebradizo ahora emergía una tupida vegetación y pequeñas motas brillantes danzaban alegremente entre las plantas.
En el centro del campamento se materializó un frondoso árbol translúcido, el tronco y las hojas eran de un ligero tono azulado. En los extremos de sus ramas colgaban frutos esféricos también transparentes y azulados. Era el U’Wao, el árbol sagrado.
Los Buscadores se acercaron con rostros extasiados y cogieron sus frutos.
Blend observó el ligero fruto en la palma de su mano, parecía contener una especie de bruma en su interior, la esencia de U’Oko.
―¡Por Ka’Ue y su caza! ―exclamó Olmu alzando la daga ritual que brillaba con fuerza.
Los jóvenes levantaron sus frutos y comieron.
El dulce sabor dejó a Blend absorto: Sus ojos se llenaron de luz de golpe, el calor inundó su cuerpo de manera tan fulminante que sintió que iba a estallar, pero no podía detener su mano, aquel sabor era irresistible. Fue entonces cuando se dio cuenta que no controlaba sus movimientos, y el sabor antes dulce ahora le pareció profundamente amargo, después de eso: oscuridad.
Sentía que su cuerpo flotaba en el vacío, no tenía noción del espacio. Abrió sus ojos, o lo que fuera que le diera el sentido de la vista. Lo primero que observó fueron sus manos; parecían transparentes, pero con un tono semejante al del arbol sagrado. Los demás Buscadores se encontraban flotando junto a él, sus siluetas eran translucidas, sin embargo notaba el rostro estupefacto en cada uno de ellos. Miró hacia abajo y vio su cuerpo en el suelo junto al de los otros. El arbol sagrado se había ido, el Vidente aun estaba alzando su daga. Desde el arma emanaba una fuerte bruma azulada que fue tomando forma monstruosa.
La mitad superior de su cuerpo era semejante a la de un humano, pero mucho más musculosa, su cara no tenía ni nariz ni boca, solo unos fríos ojos luminosos, en vez de manos tenía garras y la parte inferior de su cuerpo era bruma que se expulsaba hacia abajo constantemente: Un Espectro.
La criatura ascendió hacia donde se encontraban los Buscadores. Blend intento moverse, escapar, pero parecía que algo lo atraía hacia el Espectro. Abajo el Vidente esbozaba una malvada sonrisa, mientras miraba los cuerpos de los jóvenes levantarse: De los tatuajes emergieron numerosas correas metálicas que se fueron uniendo y trenzando, hasta cubrir totalmente la piel, los rostros perdieron expresión y los ojos se cubrieron totalmente de un resplandor azulado: Sinalmas.
Un tirón sacó a Blend del shock que le provocó ver su propio cuerpo transformarse un ser maligno, el Espectro comenzaba a moverse hacia el sur, los buscadores eran empujados por una fuerza invisible que no les permitía alejarse del ser brumoso.
Vio las Tierras Quebradas pasar bajo él a gran velocidad, luego advirtió el tenebroso paisaje del fin del mundo, y los grandes ejércitos de Sinalma que poblaban aquella tierra de sombras…

Círculo

Los fragmentos esparcidos aleatoriamente se reúnen por una casualidad prevista por lo imprevisto, así era, no una consecuencia, sino un acto establecido por lo incomprensible, algo ilógico, pero no apático como la naturaleza, o quizás sí, pero no el hecho, pues el hecho era humano, y era hermoso por sus partes, pues era totalmente reconocible, al menos en su conjunto, porque, hablando individualmente no se vuelve a los fragmentos esparcidos aleatoriamente que se reúnen por una casualidad…

Escuadrón inter-espacial de investigación

Todo comenzó hace 4 ciclos, mi unidad se encontraba rastreando la huella espacial de un objeto no identificado.
“Que valga la pena, ¿estamos?” Dijo Pull, el desencriptador. El tono de molestia era comprensible, el pobre había pasado los últimos 3 días intersolares intentando descifrar aquellos rústicos almacenadores de datos.
En realidad esos 3 días habían sido tediosos para todos; Tedus, el piloto, buscaba incansablemente el rastro de origen de la cápsula; Mart, el ingeniero, registraba metódicamente cada una de las piezas de la extraña nave con el fin de descubrir su funcionamiento; luego estaba Deds, el nuevo, y yo, los encargados de reunir la información y darle coherencia.
Todos nos quedamos sorprendidos cuando observamos el contenido descifrado, era una gigantesca base de datos acerca de una cultura. ¿Cómo es posible que tantas culturas diferentes puedan convivir e interactuar en un mismo planeta? Las imágenes mostraban desde los principios la civilización, la edad de piedra, hasta la última, la cual denominaban edad contemporánea. Mis compañeros repetían una y otra vez las imágenes “bélicas” que mostraban, no paraban de reír, ¿cómo es que alguien moría por un trozo de metal?, sin embargo, el motivo de sus guerras eran mucho más patéticas, claro, ellos peleaban por trozos de tierra, nosotros lo hacíamos por galaxias.
Al cabo de 5 días, Tedus logró descubrir el origen de la cápsula, se trataba del tercer planeta del sistema solar JT-214. Partimos al instante, quizás aquella cápsula era una llamada de ayuda. Después de verificar posibles amenazas terrestres, Tedus hizo descender la nave.
“Parece que hemos llegado tarde” dijo Mart riendo entre dientes. Desde luego, la contemplación de un planeta en ruinas ya no era algo nuevo para nosotros, sin embargo, los Leubhel no dejaban rastros visibles cuando arrasaban civilizaciones completas. ¿Qué habrá ocurrido? La información de la cápsula no dejaba entrever ninguna hostilidad planetaria a corto plazo.
“seguramente terminaron destruyéndose unos a otros por algún patético motivo” Ese era Pull, el positivo del grupo.
“vamos, ¿no les parece interesante? Jamás había visto este tipo de arquitectura” Deds, como de costumbre, intentaba dar un comentario relevante para sentirse parte del grupo. Aunque era verdad que esas gigantescas torres grises repletas de agujeros llamaban la atención.
“bien, comencemos, poner en marcha el protocolo secundus” Dije, era necesario registrar los restos de la cultura, quizás podríamos descubrir algo de utilidad, el departamento exploratorio exigía resultados. Tedus se acercó a la nave y la emplazó en modo info-almacen. Pull comenzó la inspección atmosfera/suelo. Mart desplego su vara exploradora, cómo era un planeta pequeño, seguramente activaría solo un cilindro, eso bastaría para encontrar rastros de vida. Deds y yo tomamos un desplazador y nos dirigimos hacia el conjunto de edificios. Deds apunto el infolector de su muñeca hacia algo que parecía ser un vehículo.
“Interesante, el infolector detecta más de mil millones de coincidencias generales. La vara exploratoria presume que este era una especie de medio de transporte común” Vaya, lo había hecho de nuevo, Deds había dado en el clavo otra vez ¡seguro con esa información podríamos terminar la guerra intergaláctica!
“Eso estaba en la información de la cápsula, ¿acaso no viste la parte donde mostraban su tecnología?” Deds soltó una risita ingenua. Pull le iba a dar un buen manotazo cuando se enterara que el nuevo del grupo se la pasó durmiendo durante la proyección que le tomó 3 días preparar.
“limítate a buscar información no registrada”
Deds acepto con una inclinación de cabeza y me acompañó hacia una de las estructuras. El infolector intuía que aquellos edificios eran viviendas. Casi todos los objetos tenían miles de millones de coincidencias. El planeta estaba repleto de viviendas con esos mismos elementos, la mayoría de ellos estaban en la proyección de la cápsula: televisor, radio, computador, puertas, sillas, mesas, etc.
Después de registrar la cuarta vivienda, Pull envió un mensaje con la información celular de los habitantes del planeta. No sé cómo se las habrá arreglado para encontrar restos analizables, sin embargo, venía como anillo al dedo, seguro si buscábamos restos de esa estructura celular en los hogares y la relacionábamos con coincidencias podríamos entender mucho mejor el diario vivir de la cultura.
“Que extraño, no encuentro rastros de la información celular que mandó Pull, ¿será que los habitantes no vivían acá en verdad?” Cierto ¿cómo puede ser que sean sus viviendas si no contienen ningún rastro celular? El nivel de radioactividad en la atmosfera no era lo demasiado potente como para destruir la evidencia en tan poco tiempo.
“Pero qué es esto” Una de las habitaciones, ligeramente más pequeña que las demás, contenía una extraña “silla”, lo extraño es que la “silla” tenía un gran agujero en el centro del asiento, ¡y contenía rastro celular! ¡Y lo suficientemente potente como para que el lector lo detectara a distancia!
“Esto es extraño, el lector marca más de diez mil coincidencias relacionadas, piénsalo, más de diez mil coincidencias de este objeto con rastros celulares en el interior ¡y el contador sigue cargando!” Deds tenía razón ¿cómo es posible? ¿Cómo es que la cápsula no guardara ninguna información al respecto?
“Recuerdo que en la proyección había una parte referida a la jerarquía, ¿no eran los reyes, sus líderes, los que se sentaban en grandes sillas ornamentadas que llamaban tronos?” Por lo menos alcanzó a ver esa parte, pero era cierto, los tronos concedían autoridad en el planeta, ¿acaso conferían alguna especie de poder? ¿Será que todos los habitantes se dieron cuenta de esto y construyeron sus propios tronos? ¿Se auto-destruyeron gracias a los poderes conferidos por la silla?
“Dioses, esto puede ser importante, Deds, será mejor que nos llevemos una y la estudiemos a profundidad en… Por la santa diáspora, ¿qué haces?” El estúpido de Deds se encontraba sentado en el objeto.
“Nada, solo me dieron ganas de sentarme, y tengo el inexplicable deseo de quitarme el extractor urinoexcretal y leer el diario cósmico” ¿Será idiota? Está sentado en uno de los descubrimientos más importantes del último periodo inter-solar ¿y piensa en quitarse el extractor? ¿Qué locura es esa?
“Sal de ahí, Deds, nos llevamos la silla”
“¿Esta?”
“Todas, las más de 5 mil millones, no podemos dejar que caiga en manos Leubhel”

X Ray Dog


0:00
Un rocoso planeta, casi deshabitado, es oscurecido por una gigantesca sombra.
0:14 En una larga estructura metálica rectangular que da la impresión de estar construida por cientos de cubos encajados, un joven pálido con el aspecto demacrado despierta y se mira al espejo.
0:26 El joven, vestido de negro, camina a paso seguro sobre la angosta estructura mientras acomoda su armadura y verifica sus armas. La imagen se ve cada vez más lenta, hasta llegar a una especie de slowmotion en el momento en que el joven posa su dedo sobre la compuerta de salida.
00:50 Ante él, innumerables de naves espaciales se precipitan hacia la superficie como una lluvia de meteoritos (el slowmotion se mantiene en esta escena)
01:09 El joven va corriendo, eliminando sin piedad con su espada a seres de aspecto animal-humanoide que portan equipamiento futurista.
01:22 El cerco de miles de enemigos se va cerrando sobre el joven.
01:34 El joven inclina su cabeza, dejando sombras sobre su rostro.
01:37 El joven sonríe y una gigantesca onda expansiva extingue a sus enemigos.


Two Steps From Hell

0:00 El campo de batalla está bañado con sangre. Los gemidos y los graznidos entonan una canción vacía, en el centro del paisaje un héroe cabeza gacha se sostiene apenas en pie.

0:28 Su mente viaja por innumerables flashbacks: la despedida de su amada; los niños jugando; las flores en primavera; el reencuentro con sus camaradas; las tabernas; las canciones; las marchas.

1:11 El héroe logra levantar la vista, posándola sobre uno de los caídos, los recuerdos de la batalla acuden  ante sus ojos: la carga de la caballería; el escudero defendiendo a su señor; el silbido de las flechas; las espadas quebrándose; sus amigos cayendo.

1:43-2:00 Los flashback terminan. El héroe, con dificultad, logra ponerse de pie, su espada aun ensangrentada apenas refleja los colores del atardecer, la llama de la determinación arde como nunca.

Cocina

Se encaminó hacia la cocina con el fin de otear cualquier posible material engullible; hacía hambre. El puré con vienesas del almuerzo le pareció algo pobre con respecto a su ansiedad; decidió chantarle huevos fritos. Preparó el sartén con un toque de aceite y encendió la cocina. Se dirigió al PC a cambiar la música, la misión requería power metal, no de música para tomar cachantún. Algo de Symphony X estaría bien, odyssey. A punto estuvo de dejarse llevar por las aventuras de Ulises en el poema épico de Homero, sin embargo, había unos huevos que meter al sartén (dicho popular?), como sea, al darse vuelta notó un resplandor anaranjado venir desde la cocina, corrió y lo vio, el sartén de mierda estaba “en llamas”, rozando el techo. Con la mayor celeridad y calma posible, abrió la llave y lanzó el agua con sus manos. Más allá del humo y el sartén negro nada ocurrió, menos mal -pensó-, no, nada de mal, ya que tampoco había alcanzado a meter los huevos. Hubiese sido una buena historia para un diario tipo LUN, con un título como “joven rudo provoca incendio por mal uso del sartén y huevos”. Obviamente después del incendio el joven se habría suicidado con una sobredosis de vitamina C; “joven rudo provoca incendio por mal uso del sartén y huevos, para luego suicidarse ingiriendo 50 cajas de vitamina C”.

Así fue como aprendió a nunca más realizar hazañas épicas en la cocina.